La obsesión actoral de Gastón Salgado

Es junio en el Parque Balmaceda y Gastón Salgado entra en trance. Apoyado en un árbol, semanas antes de empezar las grabaciones de la serie que emitirá Mega en 2017 “Pega, Martín, Pega”, cuenta cómo se transforma en el boxeador más famoso de Chile.

– Lo que hago es buscar canciones que me lleven a la atmósfera y tono del personaje. Llevo cuatro meses escuchando sin parar el tema de la película “El Luchador”. Es la sensación que me deja en el cuerpo y no las palabras las que me llevan a convertirme en Martín Vargas-, dice el actor que se hizo conocido en televisión cuando encarnó a Claudio, el estudiante narco de la serie “El Reemplazante” de TVN.

Cada vez que asume un papel se lo toma en serio: Gastón aprendió a cabalgar para hacer el papel de un mapuche enamorado en “Sitiados” y para actuar en “El Reemplazante” se inspiró en la inteligencia callejera encarnada por Denzel Washington en “Gangster Americano”. Asimismo, cuando fue un policía melancólico en la serie “Juana Brava” vio infinitas veces la producción de HBO, “True detective”.

– Pero todos estos esfuerzos no se comparan con los que he hecho para ser Martín Vargas. Este no es un personaje ficticio. Está vivo y tuve que sufrir. Imagínate todo lo que él tuvo que entrenar para convertirse en el mejor boxeador. Él, ¡que nació en Osorno, que ni siquiera terminó el colegio y se vino a la ciudad! Yo llevo solo unos meses ejercitando y estoy enfermo de los nervios. Nunca en mi vida le había pegado un combo a nadie-, señala Gastón.

Pega Martín Pega – Teaser CNTV 2015 from La Sante on Vimeo.
 

LA METAMORFOSIS
Martín Vargas es como pasar a las grandes ligas para el actor. Y para estar a la altura, dice, decidió armar un plan maestro que concretó a principios de este año: dejó su departamento en el centro de Santiago y se fue a vivir a un domo en la comunidad ecológica de Peñalolén junto a sus tres perros.

– Quería estar lejos de todo para concentrarme-, agrega abriendo su morral para comer frutos secos.

Gastón invirtió de su propio presupuesto para lograr esta metamorfosis. Dejó de fumar y beber alcohol. Cambió sus jeans por zapatillas y ropa deportiva. Se alimentó con comida proteica y suplementos para poder ir a clases de boxeo cuatro veces a la semana en un gimnasio de Las Condes.
Además, contrató a un personal trainer para tonificarse. En 120 días bajó siete kilos consiguiendo el cuerpo de un púgil peso mosca. Pero sobre todo adquirió el salto, el gancho derecho y la mirada profunda del boxeador.

– Yo me propuse salir de mí y entrar en su piel. Boxear pero no como lo haría yo sino como lo hace Martín Vargas. Hoy muevo las manos como él. Sé cómo se para en el ring frente a sus contrincantes y de qué manera salta y piensa ese hombre. Ya no sé distinguir entre mis emociones y las de mi personaje-, confiesa el actor gesticulando como boxeador en el parque.

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LOS GOLPES DE GASTÓN

En el Facebook del actor, que en el parque Balmaceda luce buzo y zapatillas, hay decenas de fotografías donde se ve prácticamente igual que Martín Vargas. Una de sus favoritas es en blanco y negro que tiene en su celular.
En la imagen, las manos de Gastón están a la altura del rostro y permanecen empuñadas. El actor tiene el ceño fruncido y el pelo desordenado; húmedo por el sudor. Pero además, en su pómulo, hay una prótesis bañada en vaselina que aparenta una hinchazón.

– En esta escena fui golpeado pero el boxeador está de pie y en posición de responder-, cuenta Gastón sobre un estoicismo que también ha marcado su vida.

Oriundo de la población Juan Plana, de la comuna de San Joaquín dice haberse sentido noqueado por la brecha social. Pero, después de cada golpe y así como lo hizo su personaje de Martín Vargas se levantó.

– Siempre quise ser actor pero tuve que dejar la universidad de golpe y ponerme a trabajar. El kiosco de mi papá quebró y las deudas familiares se agrandaron. Me deprimí. Hubo un tiempo en que ni siquiera quería levantarme de la cama. Pero luego hice una caja y la llené de papeles con promesas. La principal era que yo iba a volver a estudiar teatro o nada-, cuenta quien retomó la carrera cinco años después, a los 23, y en el Instituto Profesional Arcos.

De esos golpes se acordó cuando fue a conocer en vivo a su personaje en el Estadio Nacional, lugar en el que Martín Vargas hace clases gratuitas. Era febrero y a esas alturas el actor hasta se sabía el signo zodiacal del boxeador:

– Acuario-, dice.

¿Te identificaste con él?
Siento que mi vida es transversal a la de Martín Vargas. La vida de un boxeador es compleja: la de un Rocky a la chilena pero yo también he sufrido. Me he caído varias veces aunque a través de mi talento y esfuerzo he salido adelante al igual que él.

-¿Y te dijo cómo interpretarlo?
-No, porque esto no es un documental sobre él. Es una historia basada en su pasado pero con elementos cinematográficos. Yo no soy Kramer. Yo no voy a imitar al boxeador ni tampoco Martín me supervisó. Yo fui a conocerlo porque quería analizarlo y ver sus distintas aristas; nadie es tan bueno ni malo. Todos los seres humanos tenemos luces y sombras.

-¿Y cuál es la personalidad de Martín?
-La soberbia por un lado y la humildad por el otro. Martín empezó pobre hasta que subió y se convirtió en alguien famoso que luchó por el título mundial tres veces. Tuvo mala educación pero es un hueón muy inteligente gracias a la calle, que es donde uno sobrevive en una población como en la que yo también crecí. Es un sobreviviente movilizado por la rabia contra la sociedad y contra el sistema. Muchas veces se sintió explotado y utilizado.

-¿Y tú tienes rabia también?
-Yo pensé que no pero tuve que salir a buscarla para poder empaparme de ese estado y sí, me di cuenta que tenía rabia guardada. No es fácil sacársela de encima. No puedo actuar, tengo que vivirla, meterme en ella como Martín, entonces quedai muy cargado.

-¿Pero es tu rabia o la de tu personaje?
-A estas alturas, no me puedo separar de él porque los problemas que a él le pasan son los míos. Yo soy Martín Vargas.

-¿Y no te estresa ser él todo el tiempo?
-Estoy concentrado como los futbolistas: entrenando, estudiando, leyendo y viendo videos del boxeador. Igual, tras los entrenamientos, digo: ya, basta. Y trato de retomar mi vida normal. Pero no es fácil.

ÚLTIMO ROUND
Es julio, pleno invierno, y las grabaciones de “Pega, Martín, Pega” acaban de terminar. El sol brilla sobre el Parque Balmaceda donde Gastón nuevamente se apoya en un árbol pero esta vez sin la ropa deportiva a cuestas. Está intentando soltar a su personaje o al menos ponerlo en pausa.

Para verse como Martín Vargas tendrá que esperar hasta 2017, cuando la serie salga por televisión.

– He vuelto a salir con mis amigos y a dejar la dieta estricta que llevaba cuando me puse a entrenar. Pero el proceso no ha terminado. Recién cuando “Pega, Martín, Pega” salga al aire vendrá el goce. Solo en ese momento podré descansar-, dice vestido con jeans y una chaqueta de cuero.

-¿Valieron la pena todos los sacrificios que hiciste por lograr este papel?
-Absolutamente. Me demostré a mí mismo que soy capaz de hacer cualquier cosa actoral por mi esfuerzo, trabajo y disciplina. Con talento y constancia logré lo que cualquier cabro que venga del mismo lugar donde yo nací puede hacer. Toda la vida me he sacado la mugre. Pero yo soy así: voy al pie del cañón. Ya llegará el momento en que pueda parar.

-¿Y cómo es la vida después de Martín?
-Espero que la emisión de la serie me ayude a proyectarme como actor porque ahora estoy sobreviviendo como puedo. La plata que me pagaron por interpretar a Martín Vargas la invertí en la construcción del personaje y ya se me terminó. Estoy en proceso de estabilizarme después del caos.

Gastón Salgado deja atrás el parque y camina en dirección hacia el centro, su antiguo barrio. Allí tiene programada una reunión con sus amigos.

En el celular del actor ya no suena la canción de “El Luchador”. El protagonista de “Pega, Martín, Pega” está intentando bajarse del ring pero aún está muy lejos.

– A veces me pregunto cuál es mi canción sin Martín. Y la verdad es que no lo sé. Estoy muy desconectado de lo que me gusta a mí realmente como Gastón. Cuando pierdes el sentido de quién eres tienes que recurrir a tus cercanos. Ellos me están ayudando a asumir mi propio rol ahora-, explica al despedirse.

 

* Rocío Ñancupil es estudiante de segundo año en la Escuela de Periodismo UDP. Esta entrevista fue realizada en el taller de la periodista Gabriela García.