Hacia una nueva identidad fílmica chilena

Antes de estrenarse en salas nacionales, el largometraje “Mala junta” (2016) de Claudia Huaiquimilla había sido reconocido con premios como el de Mejor Película Nacional en el Festival Internacional de Cine de Valdivia del 2016 o el Premio del Público en Rencontres de Cine Latino, en Francia.

A pesar de estos antecedentes, en una de las salas comerciales donde se exhibía la película, un cartel promocional terminó siendo usado para cubrir la entrada a un baño. “Un trabajador dijo que, ‘bueno, que un poco la sociedad es así, que no iba a durar tanto en cartelera’”, recuerda Huaiquimilla, quien también escribió este primer largometraje de su carrera.

“Es triste que la gente asuma que las películas no van a durar y que nadie las va a ir a ver. Creo que eso es no conocer realmente el público chileno, que una vez que tú si le acercas un relato con identidad y con pertenencia, sí lo agradece mucho”, agrega Claudia.

Huaiquimilla fue parte del ciclo “Representaciones de la desigualdad en Chile” junto a Carlos Leiva, director de “El primero de la familia” (2016). Ambos menores de 30 años, las películas exhibidas en esta ocasión son sus primeros largometrajes y además de retratar temas como la pobreza y prejuicios, se basan en sus propias experiencias.

En el caso de Carlos Leiva, su película cuenta la historia de Tomás, quien está a dos días de viajar a Europa gracias a una beca de estudios, siendo el primero de su familia en salir del país. La idea de contar esta historia, que para él revela una parte de la desigualdad en Chile, partió con un cortometraje que hizo Leiva llamado “Ambiente familiar” que ya estaba inspirado en las vivencias del barrio donde él creció.

“La historia tiene que ver con que yo fui el primero de mi familia que logró subirse a un avión a los 24 años y a mí me hicieron una fiesta para celebrar ese primer viaje y yo me acuerdo que tenía caleta de sentimientos encontrados. Por una parte estaba feliz porque iba a viajar, pero por otra parte yo sabía que estaba recién a los 24 viajando, cuando hay otros chilenos que no tienen ni 3 y ya han ido a Disney”, afirma Leiva quien el 2016 recibió el premio a Mejor Director en la Competencia Cine Chileno de SANFIC.

Por otro lado, “Mala junta” cuenta la historia de Tano, un adolescente de 16 años que llega a vivir con su padre después de cometer un delito y se enfrenta a los prejuicios de la sociedad junto a su nuevo amigo, Cheo. El fin de hacer esta película para Claudia y Pablo Greene, guionista de la película, era retratar el punto de vista de dos jóvenes que no reciben empatía de su entorno y por el contrario, viven en un mundo de prejuicios.

Claudia reconoce que la película “nace un poco de una pulsión como personal que también motivó a la persona con la que escribí el guión y también del equipo, de sentir la necesidad de contar la historia de aquellos que no tienen lugar, que no calzan con los parámetros que los padres o la sociedad esperan como correcto”.

Estas nuevas historias que se toman la narrativa del cine chileno tampoco son ajenas en términos de audiencia. Netflix, la plataforma de streaming más popular del mundo, tiene más de 20 títulos de películas y series chilenas, entre ellas “Aquí no ha pasado nada” y “El Cristo ciego”.

Volviendo a la distribución, para Huaiquimilla, esta es injusta con las producciones nacionales: “A la película le empezó a ir bien a partir casi de la tercera semana donde ya el boca a boca de los que la habían visto empezó a ser muy fuerte”.

Desde la vereda de “El primero de la familia”, la campaña para esta fue hecha en conjunto con la Fundación Sol: “Cuando estrenamos la película tuvimos como una asociación con ellos en términos de que nosotros validamos a la fundación y ellos patrocinaron la película en el sentido de que estaba en la misma onda de la crítica social que tratan de hacer ellos”, dice Leiva.

Para ambas experiencias las redes sociales también fueron herramientas que se aprovecharon para difundir la película y que, por ejemplo, Huaiquimilla, quien es mapuche, considera importantes en la visibilización de las temáticas que reflejan sus historias.

“Creo que son una gran ayuda a hacer un contrapunto de la oficialidad. Hay un poder muy importante y lo digo no solamente por la causa mapuche, sino por muchas de otras convocatorias que no tienen acceso en los medios que requieren también más dinero para ser publicitados y uno de ellos también es la película”, afirma Claudia.

Para Carlos Leiva, son los medios quienes deberían visibilizar la desigualdad, pero quienes lo hacen no tienen la suficiente difusión: “La labor del buen periodismo o periodista lamentablemente queda atrapada siempre en medios súper chicos que están ahora en auge en Internet o en radio o en canales regionales, pero para hacer periodismo en serio en Chile se hace en medios súper chicos e independientes y no sé si alcanzan a tener la trascendencia adecuada”, reflexiona.