VALENTÍA

Ser gay siempre sonó pecaminoso en mi infancia y cualquier acercamiento era repudiable. El maricón del curso. Nunca entendí bien de qué se trataba ser hombre, nadie me explicó en qué consistía. Me parecía absurdo ser igual a todos mis compañeros, pero paradójicamente rezaba por ser así: fanático del fútbol, sin gusto por la pintura ni la música clásica -eso es raro me decían-, bueno para los golpes. Yo era todo lo contrario.

Crecí pensando que mi forma de ser era un error.

– No me gusta que te juntes con ese niño, ojo, él es raro – lo escuché de las madres de mis compañeros mientras me clavaban la mirada con desdén, en la puerta del colegio.

Tenía un germen o eso me hacían creer. A medida que fui creciendo oculté todo lo que me gustaba. No digas que escuchas a Britney Spears, no comentes que viste Sakura Card Captor, no hables de películas que salen en Disney Channel, no cuentes que juegas a Los Sims. Miente, pensaba. Así me la pasé. Mi sexualidad la abnegué. Nunca la pude explorar, me daba terror que fallara en mi intento por ser hetero y todos sus códigos.

La primera vez que vi una escena homosexual fue cuando sintonicé por error Y tu mamá también, filme mexicano, donde dos hombres se besan en una escena. Nunca se lo dije a nadie, pero cuando lo vi algo sucedió, desde allí todo cambió. No me pareció extraño, lo encontré natural. Luego, Lady Gaga gritaba a los cuatro vientos que no había nada de malo con ser diferente. Aparecieron cantantes chilenos abiertamente gays como Javiera Mena y Alex Anwandter. El blog de Camila Gutiérrez: jovenyalocada. Todo eso ayudó.

En la universidad, todo lo anterior se mezcló de buena manera, me rodeé de gente linda que nunca me juzgó. Entendí que el amor iba más allá. Creí que era bisexual, pero las casillas que me persiguieron en el pasado, las preferí eliminar. No pienso que se deba encasillar a las personas en el closet (estar adentro o afuera) o etiquetas, no somos objetos de una tienda, somos personas. Tampoco me siento hombre o mujer. No me cabe en la cabeza que debemos ser de una forma u otra por nuestra biología ¿Por qué? Mi corazón amó sin mirar quién estaba a mi lado. Simplemente me entregué a sentir. Mi mejor amigo del colegio me contó en 2016, que se cambiaría el sexo y juntos conocimos la comunidad transexual.

Aún conozco hombres que no asumen sus emociones, su amor y cariño. Tal vez cargan con una cruz que decidí botar en el camino de mi vida. Mientras hablaba de esto con Camilo Marks, crítico literario, me respondió vehemente: ¿En qué mundo vives, Ignacio? Por décadas se han perseguido a los homosexuales. En la actualidad, hay campos de concentración para gays en Chechenia. Aún existen muchísimos países que penalizan las relaciones entre personas del mismo sexo ¿Y te preguntas por qué es raro que no salga del closet la gente en este país? Por desgracia, Camilo no se equivocaba, persiste la discriminación que causa -muchas veces- el suicidio en jóvenes como yo, que se sintieron incomprendidos. En medio de una cultura que me hizo sentir rechazado, inseguro, hay otros lugares donde están torturando a personas como uno que eligieron vivir diferente.

Tuve temor en el pasado, me llenaron de miedo a todo. Al final, todos éramos almas que buscaban su identidad. Ahí, me di cuenta que es un acto valiente decidir “vivir feliz con uno mismo”.